Una vez me desarmaron . . .
poco a poco encontré y coloqué las piezas; las alas no las he hallado, me las arrancaron con fuerza brutal y creo que las deshicieron. En tanto que mi corazón se mantuvo perdido, la herida abierta sangraba, tres otoños respiré sin él ... ¿dolía?
Mis venas vacías, en momentos sentían el calor de mis lágrimas que las recorrían . . . me marchitaba.
Ese sentimiento que desgarraba era letal y la droga más sublime en un dulce suicidio. En el letargo . . . condenada ahí a la eternidad.
He encontrado mi corazón, tarde . . . alguien lo encontró primero pero lo astillo y con ello fracturo mi alma también, ya no funcionan muy bien .
No quiero consumirme en el letargo, he intentado resarcir mi corazón, pero se vuelve a desplomar, ¿Cómo le digo a mi alma que debe sanar?. Estoy exhausta, sólo deseo dormir, ahogarme en sueño total.
Y es así . . . he sobrevivido hasta ahora flotando en él limbo, ahogándome en el vacío y no he dejado que me asfixie la realidad.
Ahora que conoces la historia sólo preguntaré, ¿Por qué no lo devolviste cuando lo encontraste?, ¿por qué lo heriste?, no era malo sólo estaba asustado, por eso lloraba, por eso temblaba, y como no . . . si lo habían exiliado a la soledad, a la oscuridad y al olvido, tenía frío; era tierno e inofensivo, sólo estaba aterrado, no te iba a lastimar, de hecho confío en ti . . . hasta se enamoró.
Si sólo lo hubieses pedido, hasta te lo hubiesen reglado y sin tener que romperlo.
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